Hoy es domingo y
parece que hubiéramos estado aquí más días, a pesar de que llegamos a verte el
sábado a las 2 de la madrugada.
El tiempo no
hace sentido en mi mente. No me encaja con la duración de los días que programo
en la agenda y es porque hemos compartido contigo día y noche.
Si tengo esta
sensación tan extraña con el transcurrir de los días, ¿qué sentirás tú allí
tumbada en tu cama estática?
Aún miras el
nuevo reloj grande que te compró Keith para que pudieses ver mejor los números.
Anoche, tus niños durmieron en la caravana que Ian y Paula tenían
programado traer para pasar con ellos unos bonitos días de acampada la semana
del 7 de Julio.
Y tú sabías
perfectamente de memoria, que tus niños llegarían un lunes. Por eso
cuando me viste por primera vez no parabas de preguntarme qué día era y donde
estaban tus niños. No te hacía sentido que fuese viernes o casi sábado,
como te respondí dos veces.
Pues anoche,
todo estaba preparado para ellos. Ese espacio nuevo y reluciente de esa
novísima casa rodante, hizo que por unos minutos pareciésemos celebrar unas
vacaciones en medio del próximo luto que viviríamos. Parecía una idea absurda,
pero así lo decidieron Ian y Paula y Kati mi hermana amiga que quiero casar con
tu hijo Lee si algo me pasa, me recordó una vez más la necesidad de los
opuestos para crear equilibrio.
Y así Lee y
yo te acompañamos la primera parte de la noche. Yo estuve contigo la primera
hora para que Lee terminara de ver el partido Costa-Rica -
Honduras.
Te veías
agitada. Luego Lee vino y se sentó en el taburete a tu lado y yo me tumbé en el
sofá luchando con mi sueño , provocado por un poco de la medicina que ahora te
hace a ti estar profundamente dormida. Yo también he tenido que aceptar las
medicinas para el dolor con humildad. Y también como a ti me hacen dormir.
Pero entre
dormida y despierta pude ver que tu primera parte de la noche estuvo llena de
lamentos y desesperación por llevar días, en la misma posición tumbada en
esa cama.Una de tus piernas se escapó al hueco del lado de la pared y cuando
Lee la puso en su sitio te lamentaste del dolor.
Anoche
comenzaste a decir: “Mum”, “Mum”. Y es lo que dicen que hacen quienes se
acercan a la muerte.Y así se hicieron las 3 am y bajó Ian para comenzar su
turno y Lee y yo subimos a descansar.
Esta mañana,
traté de quedarme más en la cama porque esta noche quiero estar
completamente despierta para ti. Además también he hecho una siesta. Lo que
pasa es que el dolor está siendo más intenso en estos días Mary y tuve que
pedir una pastilla de Tramadol a Aunty Dill que me han dado sueño.
Hoy estuvimos
en casa de Aunty Dill. Fuimos por el nuevo camino, que según nos contó Lee,
era de donde se extraía carbón en el pasado. Así llegamos a Mountain Ash
y luego a Penrhiwceiber.
Nos contó que
Mountain Ash fue un pueblo con mucha actividad en los años 1940 por la
actividad minera en la zona.
En
Penrhiwceiber vive Aunty Dil, tu única hermana. Mayor que tú, 11 años y
después de varios accidentes físicos tiene más sentido común y fuerza física
con su bastón que hace de fregona, gancho para alcanzarlo todo, señalizador,
que tu estos últimos meses.
El licor y el
cigarrillo poco a poco hicieron que tu mente estuviese menos alerta. Y tu
hernia no te dejaba andar más que metros de distancia. Fuimos a su pequeña casa
y la recorrí por dentro. Antes, solo estuve en el pequeño espacio del
saloncito de entrada. Pero saber que tú ya partes, hizo que estuviese tentada a
conocer más sobre la próxima abuela que asignaría a mis niños.
Aunty Dill es
una mujer sin tu carisma y tu sonrisa, pero tan bondadosa como tú.
Es una
viejecita de 77 años que antes parecía tu madre, pero a medida que fuiste
volviéndote más torpe, comenzó a parecer tu hermana mayor.
Nos llevó al
parque para que los niños corriesen y sacaran la energía que hizo que se
comportaran tan mal el día de hoy.
Para mi hoy
ha sido un día duro.
Keith, a
quien tanto quiero ha sido muy duro conmigo. Ya lo sabes bien, porque le
regañaste esta mañana cuando me habló fuerte:
- No
grites a mi niña – le dijiste-
- Mary,
she is a pain – te respondió-
Y es que me
empeño en sentir que Keith es el abuelo de Heidi y me apetece tanto quererle y
darle amor. Pero él o no quiere mi amor o no puede recibirlo aunque quisiese.
Nuestra
segunda pelea fue porque cuando sobabas tu hígado con tus manos por el dolor
que sentías, te pregunté si querías que pusiese allí mis manos. Te di toda mi
energía y luz a través de mis manos, cosa que nunca había hecho antes ni sabía
cómo hacer. Pero te quedaste dulcemente dormida y en calma cuando lo hice.
Cuando las retiré volviste a inquietarte.
Luego no sé
por qué me puse de rodillas – mi posición habitual para no doblar mi espalda
por la hernia- y me cogiste mi cara con tu mano con amor. Yo sujeté tu mano con
la mía y que quede allí un rato siendo una contigo.
Keith me
encontró así y me preguntó violentamente si rezaba. Le respondí que no, que en
primer lugar no suelo rezar y en segundo lugar para mi estar de rodillas
es una manera de sentarme.
Me dijo:
- ¿Entiendes
lo que está pasando?
- Sí
– le respondí-
- ¿Qué
es? - me preguntó-
- Lo
entiendo perfectamente pero no te responderé- le dije-
Luego cuando
me acerqué a darle a Ian la medicina para Mattew, me pidió que tomara yo dos
pastillas y le respondí que no necesitaba tomar pastillas. Entonces me pidió
que le dejara en paz y que no tratase de protegerle más porque él sabía morder
y que me mordería. Me lo dijo con mucha rabia.
Yo le sigo
queriendo igual, pero me sentí muy triste porque me di cuenta que solo tú nos
mantienes a todos juntos.Ya sin ti, a pesar del amor que quiero darle a Keith
posiblemente estaremos perdiendo también al abuelo de tus niños. Me entristece
saber que se irá haciendo cada vez más huraño, convirtiéndose en un personaje
como su madre que no abría la puerta ni a su propio hijo.
Y eso,
seguramente más que tu inminente partida es lo que ha hecho que el día de hoy
sea más triste para mí.
Tú no te has
movido de tu cama.
Cuando viste
a tus niños hoy en la tarde les abrazaste aún. Pero no pudiste mantenerte
despierta ni para cruzar palabra. Y es que creo que cada vez que vienen las
enfermeras a verte, te dan un poco más de morfina para calmar tu
dolor pero para ayudarte también a dejar poco a poco sin dolor este mundo.
Hoy no he
visto a tus enfermeras. Ian me ha contado que las dos veces que han estado aquí
no han dicho nada nuevo.
Ayer, ante el
temor de cómo será tu partida, pedí detalles a mi amiga Nuria (médico). Me dijo
que seguramente habrá un momento que te dormirán completamente y ya nunca más
volverás a despertar.
Paula me
contó que sabremos cuál será el momento de tu partida porque las enfermeras nos
informarán de la dosis maestra que te darán para que duermas eternamente. Nunca
antes acompañé a nadie en su proceso de muerte. Pero el estar en tu casa seguro
que lo hace menos triste y doloroso para todos.
Hoy te
haremos nuevamente compañía Lee y yo en esa primera parte de la noche que será
de los tres.
No estoy
hablando a tu querido Keith, un poco por enfado y otro poco por evitar ponerle
nervioso.
Como me dice
Kati soy persona de extremos y no sé estar en el medio. ¡Qué se va a hacer mi
Mary, así soy!
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