Después de
dos días de comienzo de semana frenética, con viajes mezclados en la antítesis
del norte de España en Elorrio del País Vasco y el Sur de Andalucía en Cazorla;
con despedida de una de mis madres que partía a Venezuela; con sentimientos
hacia un padre postizo entremezclados con la posible pronta pérdida de Mary,
así, partimos hacia al ahora nuevamente bautizado Aeropuerto de Barajas y
tomamos un avión hacia Bristol.
El avión era
nuevamente un buen momento para continuar esta historia sobre Mary, pero
el agotamiento era demasiado grande, la expectativa, la pregunta de qué
encontraremos allí. ¿Podrá Mary andar? ¿Será nuestra misma Mary?
Y así como un
relámpago, en un avión que vence las distancias y un coche de alquiler que
llegó casi solo, estuvimos aquí con Mary.
Verla fue
como aire para soltar el nudo en mis pulmones que había estado allí este último
mes. Ayer he comido con más apetito y ganas que desde el momento que supe que
algo andaba mal con ella.
Nos esperó
despierta como haría cualquier madre de este planeta tierra. Eso le costó un
regaño de Keith, porque en su estado estar casi a las 2 am despierta no
es lo correcto.
Cuando nos
vio llegar, asomó sus manitos y su cara pequeña desde la ventana de su
habitación, moviendo la mano hacia dentro como señal de que nos diéramos prisa
y estuviéramos por fin bajo techo y seguros.
Nos llamó y
allí estaba, tumbada en su cama con una gran sonrisa. Dio un abrazo enorme a
Lee y otro a mí.Y yo, con la confianza que
me dio desde el primer día, me senté a su lado como haría una hija con su
madre.
Comenzó a
hablarnos con una lucidez absoluta, tanta, que tocaba el límite de la
falta de lucidez. Se reía a ratos de manera alocada. Estaba sin duda bajo los
efectos de los calmantes del dolor que ya yo he experimentado en alguna
ocasión. Recordaba perfectamente cada una de las palabras que Matthew y Daniela
le dijeron en la última conversación a través del Ipad. Y así, poco a poco, fue
sintiéndose tranquila de tenernos allí y como una madre autoritaria, nos hizo
salir de esa habitación, que aún está grabada en mí.
Esa ha sido
durante tantos años la habitación de mis momentos con Mary- Los momentos solo
de las dos.
Allí sentadas
hablando de Lee. Allí frente a esos grandes espejos que cubren los armarios y
reflejan la cama y ahora una mujer desnuda de espalda imitando tal vez a la que
está en el cabecero de la cama de Lee y mía en Madrid. Mary siempre sin decirlo, se ha inspirado en mis ideas
decorativas, cambió toda la moqueta de su casa tan acogedora y cálida por
madera después que con nosotros descubrió el parqué en Madrid.
Luego,
a pesar de la resistencia de Matthew, se deshizo de los cómodos Sofás de
tela verde para comprar unos de piel- Y ahora igual que lo hago yo con los
míos, se lamenta de lo frío que son… Creo que las dos – no sé si ella aún en
este mundo- y yo aparentemente sí, de momento, queremos un salón más cálido y
desordenado, donde se pueda adormilar en sillones de tela más humanos y
calurosos.
Una vez Mary
se quedó allí entregada al sueño, bajamos a preparar algo para cenar siguiendo
sus órdenes.Encontramos a Keith furioso sentado en el sillón de
la cocina, listo para repetir rápidamente todo el diagnostico de Mary.
- Cáncer en el
pulmón, cabeza, hígado y ganglios-
Lo decía sin
parar y sin querer sentir, como recita un niño el texto de un examen.
- Mary está
tranquila cuando solo estamos los dos aquí- Pero cuando hay gente de por medio
todo se descontrola.
Estaba claro
que con tanto dolor en las entrañas del ser en el mundo que más ama a Mary, no
éramos bienvenidos.
Lo escuchamos
sin decir mucho.
Yo aunque
vine comprometida solo a callar, pregunté con amor a Keith cómo estaba él. Me
respondió que bien.
Lee me
corrigió al irnos a la cama y me pidió no hacer preguntas de ese tipo porque
podía obtener respuestas como “vete a la mierda”.
Así pues,
decidí callar con Keith.
Keith es un
ser maravilloso. El vivo retrato del Abuelo de Heidi.
Siempre le he
querido porque me recuerda a mi Abuela Irma, seca, repelente al amor y
contacto físico. Y como experta en tratar a mi Abuela, el ser que más he amado
en el mundo, y cuyo mínimo retrato de cartera conservaré de por vida en
mi mesilla, también doy amor a Keith haciéndole rabiar.
Quise
ayudarlo a tender la ropa, pero no me dejó. Luego le tome foto al artilugio que
se inventó para llevar los ganchos colgados a su pantalón. Un bote de plástico
de zumo de naranja con un alambre que le permite engancharlo a uno de los
agujeros para poner el cinturón y así llevar las manos vacías, poder coger la
ropa primero, luego los ganchos y colgar todo tan perfectamente que igual si
esto se convierte en una historia ilustrada, pondré ambas fotos para que puedan
verlo.
Quise fregar
los platos y me recordó que no tenía idea de hacerlo. Así que me lave las
manos y con atrevimiento hice el gesto para secar mis manos, echando las gotas
a su cara…. Y ese es mi amor a Keith.
Lo único que
no he hecho aún es abrazarlo, como hacía a mi abuelita Irma que me empujaba y
me llamaba: - “muérgana del Carrizo”….déjeme en paz!!!
Igual
Keith se queda como una estatua porque nadie lo ha abrazado de esa manera.
Igual en el futuro cuando Mary no esté con nosotros lo haré… O tal vez
enseñe mis trucos para dar amor a un Huraño maravilloso a mi Daniela y pueda
hacerlo por mí.
Y así,
Aberdare nos regaló un primer día de sol tan intenso que mi ropa de la
maleta como de costumbre no era la apropiada.
Keith que
todo lo escucha y todo lo ve, aunque no parece inmutarse ante nada, me llamaba
con persistencia al garaje. No sabía yo que podía haber allí que me interesase,
pero aparecieron bolsas y bolsas de ropa de Mary que había preparado
amorosamente para la Asociación del Cáncer.
Rebuscamos
los dos y encontramos camisetas frescas de verano de Mary .Mary siempre tuvo la
costumbre de comprar ropa pequeña que pasaba a mí.
Y así, dos o
tres camisetas serán las que use estos días. Como no había pantalones cortos,
tuvimos que ir al pueblo a comprar unos rápidamente.Esos pantalones cortos y una camiseta verde de Mary fueron mi vestimenta
para el maravilloso día que compartimos ayer, 19 de Junio.
A las 12 am
llegó Ian a quien por fases he amado, detestado un poco y que ahora veo lleno
de tanta nobleza. Hubiera podido enamorarme de él tanto como de Lee. Es un ser
amoroso, buen cocinero y preparado para darlo todo. Paula su esposa debe dar
las gracias a la vida por tenerlo a su lado. Ha criado y educado a sus dos
hijos renunciando a tener a los suyos propios.
Dado que Mary
y Keith iban a descansar nos fuimos los tres caminando a comer al Country Park.
Los Williams
(apellido tan común en Gales) han tenido a dos minutos andando una creación
majestuosa de la Naturaleza. Allí crecieron, allí jugaron, escalaron árboles y
pasearon a su perro Dálmata. Este Country Park fue uno de los tesoros que
descubrí cuando vine la primera vez a Gales.
Algo tan bello como puede
estar tan a la mano.
En ese paseo
hablamos de perros y niños hasta que Ian se atrevió a preguntar a Lee cómo veía
a Mary. Y así comenzó una dura conversación entre tres hermanos, sin tapujos,
con la pura verdad y con las dudas y miedos que a los tres nos invadían.
Cuando
llegamos al hotel del Country Park, tan campestre y sencillo como su nombre lo
indica, recordé el pensamiento que siempre me viene cuando llego allí. La
habitación para 4 personas que ocupó mi familia Venezolana cuando viajaron aquí
para mi Boda. Mi padre que ya no estaba en esta tierra estuvo allí.
Pedimos, nos sentamos a
comer y seguimos hablando con la crudeza necesaria que requiere hablar del
cáncer. Yo, les dije las duras palabras que Dulce (mi médico, psiquiatra,
amiga y salvadora) me dijo al teléfono el lunes: “no alberguen muchas
esperanzas- Esto es una tragedia y lo más probable es que los resultados de la
biopsia sean que es un cáncer rápido-acorde con la medicina-”.
Todos
respiramos ante esta verdad que nos temíamos, pero que mi espíritu atrevido
ponía en efecto sobre esa mesa. Mis palabras tal vez se revolvieron con la
comida que tomábamos, pero dieron más certeza a la situación.
Ian nos contó
sobre su preocupación sobre la reacción a la próxima cita del
miércoles, cuando Mary ( experta en salud después de 30 años cuidando a
personas mayores) se diera cuenta, que iba al Centro de atención al Cáncer de
enfermos terminales.
Así
compartimos casi dos horas, los 3. Yo, aún sin salir del asombro de ser
aceptada como una hija más.
Cuando
decidimos volver, sonó el Móvil de Ian y era Keith que nos anunciaba que no
volviéramos porque Mary y él estarían allí en 5 minutos para tomar su tarta de
zanahoria. No sé si Mary descubrió la
tarta de zanahoria por mi vicioso gusto a comerla o si ya la conocía de antes.
Estos días –
al igual que a mí- es una de las pocas cosas que le apetece y disfruta. La
llena de nata hasta no más poder y la come disfrutándola al máximo.
Después de
que un galés con camiseta de bandera de Gales nos tomara una foto al grupo
familiar de 5 que tal vez pondré aquí justo debajo de esta frase, nos fuimos a
pasear por el Country Park.
Mary siempre
se negó a usar silla de ruedas. Su espalda hizo que estuviera encerrada
parcialmente por años perdiéndose casi todo lo que había fuera. Tesco es su
destino habitual porque puede apoyarse en la barra del carrito de la compra y
parecer normal.
Pero Mary
ahora había decidido ver el mundo y disfrutar cada pequeño trozo de él.
Y así, me
dijo que aunque tanto se negó en el pasado a la silla de ruedas, todo se acaba
aceptando en la vida.
Lee por 5
minutos y yo por el resto del paseo de casi 1 hora me dediqué e empujar su
silla y así tener mí oído cerca de su cara para escuchar todo lo que me
contaba.
Fue
maravilloso tenerla tan cerca y escuchar de su boca su admiración ante tanto
verdor y belleza.
Nunca escuché
antes de la boca de Mary tantos halagos a la naturaleza y a ese parque que para
mí era asombroso, pero para ellos algo con lo que contaron toda la vida, pero
ayer todo era nuevo para Mary y para mí. Mary y yo nos fundimos en ese paseo,
ella en su silla y yo detrás.
Nos paramos
un momento a admirar a ese lago que yo nunca había visto, aunque Lee insistía
que muchas veces me había mostrado.Y así me contó
que mandó a la mierda a Margaret su amiga porque cuando hablaron después del
diagnóstico a Mary, a pesar del cual, siguió dedicándose a hablar de los mil
males de sí misma en vez de pensar en Mary.Aplaudí su reacción- Eso debió haber
hecho hace años ante un ser tan egoísta como Margaret. Pero lo hizo por fin, y
las dos celebramos eso de lo que ella ahora había sido capaz y que yo también
había hecho hacía poco, expresando a los seres a mi alrededor que seguían
pidiendo todo de mí, que “ya no podía más”.
Había
pasadizos difíciles para manejar la silla de ruedas, pero Mary me iba
“soplando” los trucos para que lo hiciera bien y poder seguir compartiendo ese
momento único e irrepetible para las dos.
Keith sin
dudas me vigilaba de atrás. Para Keith Mary es su taza de cristal que puede
romperse con solo mirarla y no estaba dispuesto a dejar que yo ante mi fama de
un poco alocada, tirase el suelo a Mary en un acto de torpeza involuntaria.
Y así,
llegamos de vuelta al parking, Mary se fue con Keith en el coche y yo volví
andando con mis dos hermanos a casa.
Bajé mi
colchoneta de Yoga e hice unas cuantas hazañas. Mary me acompañó de frente en
el conservatory adormilada, hasta que el teléfono nos despertó a las dos y fui
a responderlo. Era Anne, la mujer de Madrid que temía por su futura suegra
aquel día que anunciaba su visita a Mary.
Y así llegó Anne. La vi diferente…. Aún llena de energía, pero esta vez ella tenía todo lo
que Mary necesitaba. Una amiga que no tiene miedo de decir nada, porque tiene
el derecho a hacerlo. Su energía inundó todo el Conservatory y dio a
Mary ese toque de normalidad ante tanto miedo y sobre protección de todos los
que estábamos a su alrededor. Será lo que haga mi amiga hermana Kati cuando las
dos seamos mayores.
Ian preparó
la cena y como de costumbre nos deleitó con un plato maravilloso.
Y así, Mary
poco a poco se fue apagando, manifestó que no quería ruido, ni llamadas, ni a
nadie hablando en español del otro lado del teléfono porque se ponía nerviosa.
Luchó un rato
contra el sueño para no ir a la cama antes de las 10 y 30; Y a esa hora, tomó
su pastilla para dormir.
Yo tenía
esperanzas que con la nueva dosis más alta, estuviera en la cama al menos hasta
las 7 am, pero no, una dosis más alta solo dio media hora más de sueño. A las 4
y 30 am según nos informaron, estaba ya despierta y Keith agotado – aunque no
lo haya expresado ni una sola vez desde que comenzó todo a su lado.
Cuando me
desperté asustada por ya no tenerla en casa (hoy es la Biopsia de hígado), la
vi subiendo las escaleras. Le di un beso y me di cuenta que aún había tiempo
para que Lee se preparase y fuese a llevarla al hospital junto con Ian y Keith
a pesar de la negativa de Mary.
Así, ambos
hermanos se fueron siguiendo al coche y ahora estará allí.
Mary se sentó
en una butaca del salón y me contó que no puede más con la inflamación de los
pies ni con la sensación de la lengua. Le han quitado la medicina para dar
líquido al cuerpo y no puede resistir ni poner agua
en su boca.
Verla tan sensible a los efectos
secundarios me hace pensar que una quimioterapia puede ser una pesadilla…. Dios
lo dirá.