Wednesday, 9 September 2015

Capitulo XI Bailando con la muerte


Se me hacía interminable en el aeropuerto de Heathrow el tiempo perdido para llegar a verte. Necesitábamos ir al baño, Lee comprar chucherías dulces para no dormirse en el camino, un largo camino para e encontrar Avis y por fin estábamos listos para tomar la M4 y llegar a verte.

La primera hora del viaje,  transcurrió en dar golosinas a Lee que los niños comían con el consentimiento de que su padre era el primero que las consumía sin parar y las preguntas de los niños sobre  ti Mary y sobre la muerte. Matthew nos sorprendió con su afirmación de que “Nana ya está bailando con la muerte” y Daniela hacía preguntas que no puedo recordar porque no tocaron seguramente tanto mi corazón.

Conté lo que escribió el Neurocirujano que publicó un libro sobre la vida después de la muerte y las otras experiencias de quienes han partido y vuelto. Matthew,  desde muy pequeño,  ha sentido un gran agobio hacia la muerte por ser un sitio “aburrido” donde no puede hacer algo que tanto le gusta, como jugar. Le he descrito en el pasado la muerte como hacernos uno con el todo, lo que lleva a la paz absoluta, aún es muy pequeño y no ha experimentado esos pequeñísimos momentos que he tenido la suerte de sentir con la meditación. Es muy duro comprenderlo; pero sin embargo, por primera vez hizo silencio y consideró lo que le conté como una posibilidad – al menos aparentemente.

Ya se quedaron dormidos sin darnos cuenta  y solo quedamos Lee y yo. Yo me dormía por los efectos de mi pastilla para el dolor que había tomado a las 2 de la tarde. Entre dormida y despierta daba chuquearías a Lee y cuando abrí los ojos definitivamente me preguntó qué estaba pensando.
Le dije que en Mary. Pensaba cómo estaría la cama puesta en el salón. Y ¿tú?, le pregunté. Y me di cuenta que su pregunta no era más,  una pregunta a sí mismo, porque me contó que había rememorado toda su vida en esos 100 Kilómetros.

Así, hablamos un poco más de la vida y la muerte y sin darnos cuenta estábamos ya en el puente que une a Inglaterra con Gales. Ya en Gales sentimos el temor de cada vez estar más cerca de ti Mari y verte allí donde estuvieses.

Y llegó el anuncio que decía Aberdare y así nos dimos tanta prisa como pudimos y acordamos que me quedaba en el coche con los niños y Lee se bajaba a verte.
Lee vino de vuelta y decidió que los niños iban a casa de Alison- hermana de su mejor amigo -
Allí tenían preparada una apetitosa habitación con cama doble donde Matthew y Daniela después de una pequeña pelea durmieron toda la noche.

Y entonces Mary entré y te vi.
La cama no estaba donde yo imaginaba. La esquina derecha de tu salón era mucho más grande de lo que recordaba. Al lado de la chimenea y al lado de la ventana,  estaba tu cama de hospital colocada con todo lo que necesitabas para no estar en dolor. Nos recibiste con un abrazo, con besos y entre dormida y despierta estuvimos hasta las 4 y media de la mañana contigo.

No dejabas de dar amor ni por un instante.
A rato abrazabas a Ian y a Lee. Pero a mí también me llegó mi turno y nos intercambiamos tantos besos como pudimos.
Y así, esa paz profunda ya estaba en cada una de las partes de mi cuerpo: estaba ya allí contigo. Y a pesar de que sobre todo dormías, estaba tranquila porque no sentías dolor.

A las 3 am Ian se fue a la cama y a las 3 y media tu amado Keith bajó a estar contigo. No podía dormir. Ya tantos días con la rutina de tan poco sueño no le permitía estar en la cama.
Lee tomó la decisión de irnos a la cama y así lo hicimos, pero no dormí mucho por esta mala o buena costumbre de irme a la cama pronto.

A las 7 am ya estaba contigo usando tu pijama y dándote besos. Tus ojos ya no eran los mismos que hacía 3 horas. Ya estaban amarillos, qué rápido tu cuerpo muestra que ya no hay quien lo mantenga limpio por dentro. El color de tu orina en esa bolsa que descansa en una lata vacía de galletas tiene casi color de sangre. No comes, apenas si bebes un total de un pequeño vaso de “soda” al día.
Estás poco a poco quedándote dormida Mary.
Hoy te compramos unas flores. Y levantaste las manos y dijiste un gran waooooo. Quería dártelas viva.
En la mañana no parabas de preguntar por tus niños. Y finalmente como a las 10 am te los trajimos.

Tu cabeza funcionó perfectamente y estuviste más despierta de lo que te he visto entre ayer y hoy. Casi fuiste la Mary de siempre. Pero esto solo pudiste hacer esta mañana. Y me temo que era la bienvenida y despedida de tus niños.

Mathew ha estado esperando ansiosamente todo el día un momento similar. Cada hora fue y vino de casa de su amigo a estar media hora contigo, te cantó canciones, te acarició las manos, te regaló sonrisas. Pero ya a última hora de la tarde me hizo todas las preguntas que pasaban por su mente:
-         ¿Mami, no se puede levantar?
-         ¿Mami, no se ducha?
-         ¿Mami, no come?
-          ¿Mami, no podemos ponerla en la silla y llevarla al country park?
-         Mami, pobrecita, ella piensa que va a mejorar en dos días y no sabe que no será así
Y así pasé varias horas respondiendo pregunta tras pregunta, de la mejor manera posible, tu niño te ama profundamente y teme tanto perderte. Le expliqué,  Mary,  que no sufres y que es lo más importante. Que iras a un sitio mejor que este.

Y así llego el final de este sábado 5 de Julio y la Caravana que han traído Uncle Ian y Aunty Paula permitirá a los niños olvidar por algunos ratos durante la noche el miedo a tu próximo viaje sin regreso.

Allí, en ese verde Contry Park, se han quedado disfrutando de algo totalmente nuevo para mí y tus niños. Un espacio donde otras familias también han puesto sus caravanas para compartir el estar juntos en un espacio diminuto y pasar más tiempo de paseo por el parque que dentro del rompecabezas que requiere armarlo todo para convertir de un vehículo un hogar pasajero.

-¿Morirá Nana mañana mami?
-Matthew no lo sé, nadie puede darte respuesta a esta pregunta

Y así a tu lado escuchando tu respiración que ahora haces por la boca de manera forzosa, estaremos en el silencio absoluto de tu salón, perturbado por: el sonido de tu cama que regula eléctricamente aire que adapta el colchón a tu comodidad, el sonido de las agujas del reloj del conservatory, las teclas de este ordenador y un grito que diste de repente, pero que parece que es algo común en tu rutina de sueño.


Te amo Mary y con todo lo que te echaré de menos estoy lista para tu partida para que estés rodeada de ángeles como tú en ese mundo sin cuerpo que mereces y que ahora tanto necesitas.

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