Hoy cuando me levanté y pregunté a Keith cuál había
sido la hora mágica me dijo: 4 y 30-. Esta es tu hora Mary y por más que lo
intentas y todos los hacemos tu cuerpo ha decidido que quiere vivir 4 horas más
cada día y te hace madrugar cuando hay tan poco que hacer y cuando todos
duermen para poder entretenerte.
Keith con su amor protector no te deja sola para
estar sola con la vida y la muerte a esa hora.
Se levanta contigo y sin querer hacerlo te tortura
viéndolo deambular por la casa a horas donde debería estar dormido- Y por esto
sufres profundamente.
A las 7 am ya te ha duchado, dado el desayuno. Y
aunque te gustaría que fueran ya las 3 pm porque ya has vivido casi una mañana
completa, apenas son las 7 am. Tienes aún todo el día por delante para sentarte
entre el jardín y el conservatorio, cambiando de silla a silla como siempre me
dices por teléfono ahora lo entiendo perfectamente.
A las 7 y media am hora inglesa bajé las escaleras y
te encontré en tu silla del jardín.
Me senté a tu lado y comencé a buscar conversación.
Afortunadamente las ideas de momento me sobran.
Te desahogaste y hablamos de que las dos como Damas
fuertes no sabíamos llorar (no pude confesarte lo mucho que lloré por ti la
tarde anterior). Me contaste que estuviste a punto de hacerlo, hacía un
par de horas al ver las discusiones con Keith, pero que no salían las lágrimas
(conozco esta sensación perfectamente). Pero te recordé que, no discutir con
Keith era no estar con Keith y así cambiaste de tema como sueles hacer,
cuando algo te duele rápidamente (borrón y cuenta nueva).
Y así entre tema y tema propuse ir a comer al sitio
donde comimos la primera vez que vine a Gales. Me dijiste que no te sientes
capaz de ir tan lejos. Ante nuestras mentes blancas, para proponer un sitio
especial para cenar, recordé a mi Jefa y busqué propuestas en trip Advisor.
Keith refutó cada una de ellas y al final acabamos
llegando a la conclusión que Trip advisor no era tan fantástico como decía mi
Jefa y Keith y yo acabamos discutiendo como de costumbre porque yo proponía
cenar en un sitio al aire libre y él insistía en que esa costumbre no existe en
Gales- Me encanta discutir con Keith por temas superfluos, porque me recuerda a
mis discusiones con Abuelita Irma.
Mary, mujer de acción cogió el teléfono y con una
llamada solucionó el problema- Esta noche iremos a no sé qué sitio para estar
juntos.
Y luego recree a Mary con mis hazañas y así vino a
mi memoria los momentos de Compañía a Abuelita Irma en Quinimarí (San
Cristóbal) cuando le diagnosticaron también cáncer (de estómago).
Yo la sacaba cada mañana al frente del apartamento
en una silla y a ratos leía el Curso de Milagros tratando de convencerme de una
de las lecciones (“nada de lo que ves es real”).
Allí ella miraba a todos los que salían y llegaban y
a ratos yo saltaba la cuerda.
Hoy se repitió ese momento. 20 años después también
estuve entreteniendo a Mary mientras que yo hacía algo que quería hacer pero no
poder ello dejar “estar” a su lado.
Cuando terminé mis posturas de pie tuve que moverla
a ella y Keith de sitio para poder hacer mi “Sirsassana” (parada de
cabeza) para el que necesito una pared.
Y así, acabó el Yoga, hablamos un poco más. Me contó
como la vista desde su jardín era para ella “África” y luego se corrigió con
vergüenza. No hacía falta. Sí que era África. Yo la había entendido
perfectamente. Era el todo, lo que se ve y lo que no. Así se lo dije e hicimos
silencio.
Me moría de hambre pero apenas eran las 9 y 30 y ya
yo había vivido media mañana solo con 2 horas allí sentada. Imaginar lo que
sería desde las 4 am para Mary cada día igual que el otro no me pasaba por la
cabeza.
Y es que en esta pequeña mágica casa todos saben
“estar” sin hacer nada y eso no les molesta. Aquí no se ve gente como yo en
Madrid o en Venezuela corriendo de esquina a esquina. Todo parece perfectamente
hecho en la casa y no se ve a nadie con prisa haciendo nada.
A Mary siempre le ha molestado que se haga algo
mientras que se está con ella.Es profundamente controladora de todo y de todos-
Hemos tenido varios enfrentamientos por este temperamento impositivo que
seguramente yo también tengo en muchos aspecto con los que amo.
Así que excepto usar el teléfono para hacer una que
otra foto o enseñar un video de los niños, más me valía estar quieta. Ni siquiera
me atreví a leer el libro. Mary simplemente quiere que estemos al 200% con ella
y debemos complacerla.
Así Lee se despertó, Keith trajo bollería de no sé
dónde y a las 9 y 45 desayunamos.Luego fuimos al Conservatory donde decidí tumbarme y
sentí el delicioso deseo de una siesta de las de después del desayuno.
Pedí permiso para irme a la cama y aunque no dormí
profundo hice algo que había olvidado. Estar en la cama hasta las 12 am.
Me levanté aún más cargada de energías y lavé mi
enredado pelo con el shampoo y suavizante que Mary guardaba para Daniela.
Nos fuimos Lee y yo al pueblo a comprar otro
conector para enchufar lo español a lo británico (el tercero ya porque los
otros dos no sé por qué se han fundido).
El 90% del tiempo se fue buscando un encargo muy
especial de Mary. Lee quería complacerla y a diferencia de otras veces que no
hubiera insistido después del segundo intento fallido, preguntó en 5 o 7
tiendas hasta que teníamos en las manos algo que a Mary podía hacer feliz.
Iba a celebrarse allí una boda y eso hizo venir a
nuestras memorias la boda de Lee y mía preparada por Mary.
Mary se empeñó en no moverse de allí hasta que la
novia llegara. Yo pregunté cuanto faltaba y así pudimos hacer a Lee y Keith
aguantar hasta que Mary, una vez que la novia llegó, estuvo dispuesta a
comenzar nuestro paseo en la silla de ruedas.
El verde estaba tan brillante como el jueves. El
parque estaba lleno de gente y esto lo hacía menos majestuoso pero igualmente
hermoso.
Esta vez no tuve fuerzas para empujar esta pesada
silla. Lee se hizo cargo la mayor parte del paseo. Mary se animó a levantarse y
caminó con sus pies a reventar durante 3 o 4 minutos.
Los zapatos a pesar de ser muy grandes eran
demasiado incómodos y se clavaban en su piel- A pesar de eso caminó.
Mañana compraremos unos zapatos cómodos del Dr.
School para ella antes de volver a Madrid.


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