Thursday, 27 August 2015

Capitulo IV Mary de vuelta de la biopsia


MARY DE VUELTA DE LA BIOPSIA

Los “espantadores” ambientadores y la profunda soledad de la casa me hicieron salir a  cobijarme en un banco de madera a la entrada de la casa. Allí decidí esperar a Mary hasta que llegase a casa no importa cuánto tiempo fuese necesario. Era demasiado triste estar sin ella allí dentro.

El sol en mi cara resultaba como un ser poderoso que me acompañaba cubriendo la piel de cada parte de mi cuerpo. Era el sitio perfecto para estar hasta que fuera necesario.}

Allí me dedique a leer este libro que me dejó una querida compañera y en el que había un funeral de por medio, pero con más toques de humor negro que de llantos de cementerio.

Pasaron muchos coches, pero ninguno de ellos traía a Mary dentro.
Cuando menos lo pensé, un coche gris de no sé qué marca – porque no sé ni me interesan las marcas de los coches- aparcó. No podía ser otro que el coche de los propietarios de la casa ya que invadió el frente como ningún otro lo hubiera hecho en un sitio donde lo ajeno se respeta.
Allí venía Mary. Como siempre dando órdenes y con el carácter y aplomo de la mujer con la que hubiera podido llevarme muy mal durante todos estos años ya que nuestra manera de ser es realmente parecida.

Fue bajando una a una las pocas escaleras para entrar a la casa (no más de 4 o 5), pero cuando bajó la última dio un alarido tal de dolor,  que hice irreal lo que estaba pasando en mi mente.
Cuando la realidad es tan desgarrante, al menos mi mente la convierte como en una obra de teatro en estos días de compañía a Mary. No sé si es algo común o es mi poder de supervivencia.
Luego dio 4 pasos más y llegó a la cocina y dio otro chillido de dolor. Pero para mí seguía siendo una representación de algo no real.
Caminó hasta el Conservatory y se sentó en su silla. Yo la seguía preguntando asustada,  qué podía hacer por ella, pero no necesitaba ayuda de nadie. Solo quería llegar a ese rincón donde me he dado cuenta que pase lo que pase se siente segura.

Y así vino el tercer grito de dolor cuando se sentó allí.
Me quedé acompañándola. A pesar de lo mal que estaba, ella como siempre controlaba toda la situación.

Contó que la habitación en la que estuvo era preciosa y el proceso de limpieza para que todo estuviera impecable que quienes trabajaban allí siguió.  Me preguntaba si era una habitación mejor que las españolas, pero era una pregunta demasiado superflua a Mary en esa situación.
Así fue transcurriendo lo que quedaba de tarde.

Y entonces vino la parte alocadamente graciosa de la tarde.
Mary se levantó de la silla y yo traté de ayudarla. Me dio la orden de mantenerme sentada. Yo la miraba mientras se preparaba para una posición similar a la de las hazañas de yoga. Yo, ante mi impotencia de no poder ayudarla ya que no me dejaba levantar del asiento le pregunté que al menos me dijera qué estaba haciendo y respondió.
-I am farting ( lo que significa tirándome un pedo o peo para los latinoamericanos)

Entonces de su postura casi yoguica salió el sonido de un gas que sin exagerar duró 10 segundos. Fue un ruido estruendoso e interminable.
Habían llenado toda la parte inferior delantera de su cuerpo de aire y era lo que necesitaba expulsar desesperadamente.
A partir de allí no podía parar de reír a carcajadas contando a Keith y a Lee nuestra pequeña aventura. Vinieron más gases sucesivos, pero afortunadamente ya yo sabía lo que estaba pasando.
A ratos gritaba porque venían puntadas de dolor de ese hígado que aunque no podíamos ver había sido escarbado por quienes sacaron un poco de “líquido” para hacer el dictamen de cuántos meses de vida quedan a Mary y para ponerla a decidir si quiere vivir 9 meses con tratamiento o morir dignamente en dos (esto aún no lo han dicho pero suele ser lo que los profesionales de la salud recitan).

Y así, entre dolor y gases Mary aceptó tomar una de las sopas enlatadas con las que fueron alimentados Lee e Ian y hoy son más sanos que yo que fui criada con comida preparada casi a la carta.

Luego Lee trajo una tarta de manzana y la comió con helado sin pestañar.
Las buenas noticias también vinieron con Mary. No podían ayudarlas con sus pies ya deformes, pero identificaron una infección en su boca que podían tratar con antibiótico y un líquido que se tomaba y desaparecía solo en la boca. En 48 horas debía ver los resultados.

Espero de corazón que surta efecto este tratamiento para que Mary pueda volver a sentir el sabor de su té y su boca permita beber líquidos.
Así, todos adormilados en el salón fuimos haciendo tiempo hasta las 10 y 30 pm para que Mary no se levantara a la hora mágica de las 4 am.

Nos fuimos todos a la  cama.

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