MARY DE VUELTA DE LA BIOPSIA
Los
“espantadores” ambientadores y la profunda soledad de la casa me hicieron salir
a cobijarme en un banco de madera a la entrada de la casa. Allí decidí
esperar a Mary hasta que llegase a casa no importa cuánto tiempo fuese
necesario. Era demasiado triste estar sin ella allí dentro.
El sol en mi
cara resultaba como un ser poderoso que me acompañaba cubriendo la piel de cada
parte de mi cuerpo. Era el sitio perfecto para estar hasta que fuera
necesario.}
Allí me
dedique a leer este libro que me dejó una querida compañera y en el que había
un funeral de por medio, pero con más toques de humor negro que de llantos de
cementerio.
Pasaron
muchos coches, pero ninguno de ellos traía a Mary dentro.
Cuando menos
lo pensé, un coche gris de no sé qué marca – porque no sé ni me interesan las
marcas de los coches- aparcó. No podía ser otro que el coche de los
propietarios de la casa ya que invadió el frente como ningún otro lo hubiera
hecho en un sitio donde lo ajeno se respeta.
Allí venía Mary. Como
siempre dando órdenes y con el carácter y aplomo de la mujer con la que hubiera
podido llevarme muy mal durante todos estos años ya que nuestra manera de ser
es realmente parecida.
Fue bajando
una a una las pocas escaleras para entrar a la casa (no más de 4 o 5), pero
cuando bajó la última dio un alarido tal de dolor, que hice irreal lo que
estaba pasando en mi mente.
Cuando la
realidad es tan desgarrante, al menos mi mente la convierte como en una obra de
teatro en estos días de compañía a Mary. No sé si es algo común o es mi poder
de supervivencia.
Luego dio 4
pasos más y llegó a la cocina y dio otro chillido de dolor. Pero para mí seguía
siendo una representación de algo no real.
Caminó hasta
el Conservatory y se sentó en su silla. Yo la seguía preguntando asustada,
qué podía hacer por ella, pero no necesitaba ayuda de nadie. Solo quería
llegar a ese rincón donde me he dado cuenta que pase lo que pase se siente
segura.
Y así vino el
tercer grito de dolor cuando se sentó allí.
Me quedé
acompañándola. A pesar de lo mal que estaba, ella como siempre controlaba toda
la situación.
Contó que la
habitación en la que estuvo era preciosa y el proceso de limpieza para que todo
estuviera impecable que quienes trabajaban allí siguió. Me preguntaba si
era una habitación mejor que las españolas, pero era una pregunta demasiado
superflua a Mary en esa situación.
Así fue
transcurriendo lo que quedaba de tarde.
Y entonces
vino la parte alocadamente graciosa de la tarde.
Mary se
levantó de la silla y yo traté de ayudarla. Me dio la orden de mantenerme
sentada. Yo la miraba mientras se preparaba para una posición similar a la de
las hazañas de yoga. Yo, ante mi impotencia de no poder ayudarla ya que no me
dejaba levantar del asiento le pregunté que al menos me dijera qué estaba
haciendo y respondió.
-I
am farting ( lo que significa tirándome un pedo o peo para los
latinoamericanos)
Entonces de
su postura casi yoguica salió el sonido de un gas que sin exagerar duró 10
segundos. Fue un ruido estruendoso e interminable.
Habían
llenado toda la parte inferior delantera de su cuerpo de aire y era lo que
necesitaba expulsar desesperadamente.
A partir de
allí no podía parar de reír a carcajadas contando a Keith y a Lee nuestra
pequeña aventura. Vinieron más gases sucesivos, pero afortunadamente ya yo
sabía lo que estaba pasando.
A ratos
gritaba porque venían puntadas de dolor de ese hígado que aunque no podíamos
ver había sido escarbado por quienes sacaron un poco de “líquido” para hacer el
dictamen de cuántos meses de vida quedan a Mary y para ponerla a decidir si
quiere vivir 9 meses con tratamiento o morir dignamente en dos (esto aún no lo
han dicho pero suele ser lo que los profesionales de la salud recitan).
Y así, entre
dolor y gases Mary aceptó tomar una de las sopas enlatadas con las que fueron
alimentados Lee e Ian y hoy son más sanos que yo que fui criada con comida
preparada casi a la carta.
Luego Lee
trajo una tarta de manzana y la comió con helado sin pestañar.
Las buenas
noticias también vinieron con Mary. No podían ayudarlas con sus pies ya
deformes, pero identificaron una infección en su boca que podían tratar con
antibiótico y un líquido que se tomaba y desaparecía solo en la boca. En 48
horas debía ver los resultados.
Espero de
corazón que surta efecto este tratamiento para que Mary pueda volver a sentir
el sabor de su té y su boca permita beber líquidos.
Así, todos
adormilados en el salón fuimos haciendo tiempo hasta las 10 y 30 pm para que
Mary no se levantara a la hora mágica de las 4 am.
Nos fuimos
todos a la cama.


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